Un diálogo con la obra

Por Constanza Pérez Ruiz

Diana Aisenberg encuentra una a una, las palabras, como si estuviera respondiendo a sus propias preguntas, a preguntas que están más allá de esta entrevista y que dejan entrever sus intereses como artista, su obra, su trabajo docente, su experiencia.

¿Encontraste lo que esperabas? pregunta Diana cuando terminamos la entrevista.

En realidad no, le respondo. Y eso es lo interesante. Porque la entrevista es una búsqueda…una verdad construida en el diálogo. Y el diálogo se abre a muchas posibilidades.

“Eso es la obra”, dice Diana y se le ilumina la mirada… “la obra genuina no es lo que buscamos, se descubre, se devela en el proceso. Cuando un artista puede desprenderse de la obra y mirarla como un tercero, la obra se vuelve autónoma”.

Y el diálogo recomienza, con la ilusión de descubrir lo que hasta ese momento sólo se había insinuado.

La clínica: un espacio para pensar

“Yo aparezco acá solo como un artefacto para poder encaminar hacia ese modo de producción a los artistas locales”, reflexiona. “Mientras yo pueda lograr ese encuentro, esa comprensión del que produce como un otro, ahí hay una posibilidad, al ser la obra autónoma. El tener esa vivencia, no el conocimiento, sino a experiencia física de que la obra se desprende del artista, ahí empieza la posibilidad de conversación porque son dos. Dos sistemas que entran en contacto. Ahí está la posibilidad de hacer una obra genuina que es lo que viene a revertir los formatos inculcados a presión sobre lo que es el artista, qué es la obra, cómo tiene que ser una artista. Nosotros no sabemos lo que es el artista del siglo XXI. Después el quiero no importa porque casi no importas porque hay un camino de la obra que busca otra obra. Es eso lo que construye el camino. Eso es lo que hace el artista maduro. Puede decir esta es mi obra, estas son sus leyes, este su sistema, funciona de tal manera y también las transgrede para seguir haciendo obra.

Pero no hay ninguna posibilidad si esa conversación no se desarrolla, si la construcción de esa obra no es autónoma. Eso es lo más difícil de entender, el lugar donde la obra se desprende de la persona y no deja de ser emotiva, sensible, generar sensaciones, y todo el mundo que se invoca cuando se habla de sí mismo. Tiene toda esa carga emotiva pero tiene otras leyes, pertenece a un sistema de pensamiento que es el lenguaje visual, a la historia del arte, a la filosofía, la psicología, la antropología, el mercado, a un montón de puntos de vista que se encuentran ahí.”

SU OBRA

“Mi obra está muy relacionada con la literatura, con ciertos libros, ciertos escritores. En esta muestra hay varios cuadros que pertenecen a una serie que se llama “La arquitectura del cielo” de Emanuel Swedenborg, que plantea tres cielos y como se pasa de uno a otro. En el 98 hubo otro momento muy intenso con la literatura con una galería de vacas que hice como una muestra especial a Filisberto Hernandez, que tiene un cuento “Ursula”, donde dice Ursula era callada como una vaca. Son los hitos más claros de relación con la literatura.

Lo de los niños se cruza con Swedenborg porque allí en el pasaje entre cielo y cielo hay una posibilidad de transformación, de cambio permanente en que la realidad es hasta cierto punto y después las leyes cambian en cada cielo. Se cruza con el concepto de niña ideal que me suma a la Madonna, que me suma a un recorrer de conceptos que se atribuye a la mujer que siempre rondó alrededor de mi obra, que no es sólo eso, sino que también es eso.”

Cuando le pregunto si su obra puede considerarse lúdica, Diana rechaza en principio esa posibilidad, pero va siempre más allá. “A mi no me gusta esa relación porque se usa como “hace lo que quiere” o “es libre para hacer”, que no es mi caso. En mi obra hago lo que quiero tiene un montón de historia atrás. No quiero cualquier cosa. Tiene reglas muy fijas y en todo caso está asociada al juego en esa versión, en que el juego tiene reglas claras y es muy estricto. No me gusta esa palabra, ese concepto, trato de evitarlo porque trae confusión”. Y como en una evocación de la memoria recita: “El juego de la Oca, uno adelante, uno atrás, tachila generala, te vas a Berlín. No hay ninguna posibilidad de espacio en las leyes del juego”.

MADONNA DE LAS ARTES

“La Madonna es uno de los pilares de la poética de mi obra. Aparte de mi producción, el diálogo directo con el lenguaje visual y mi mundo interno, esto de ser eternamente docente tiene este lugar de interacción con grupos y aparece en mi obra de arte total, con obras que incluyen la participación de otros y yo encuentro pilares constructivos, porque está la Madonna que es un reducto de fe, de amigos. También está el Diccionario de Historia del Arte que es un diccionario de construcción colectiva donde hay participación de muchísimos colaboradores. Está el kiosco de artistas, KDA (con la idea de gestionar la obra en el mercado local, a partir de la producción individual y ejercitando la vivencia de lo comunitario). Ahí se inscribe mi idea del arte o la posibilidad del arte”.

Como en un juego de ilusiones las tazas de café vacías y la azucarera permanecen a nuestro lado en la mesa del patio rojo del Museo de Bellas Artes, que está en Corrientes, que está en el mundo, que es experiencia.

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